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Colegio Amor de Dios. La historia de Arsenio Baluarte.

Me acuerdo mucho del Colegio Amor de Dios. Quizás es hoy la primera vez que estoy considerando en serio la posibilidad de contar mi historia.

Así que os hablaré de aquel club nuestro: “El Colegio Amor de Dios”. Aquí sentado, con más años que otras veces, y con la misma ilusión de siempre.

Mi nombre es Arsenio Baluarte, y soy un personaje inventado por otros, o al menos eso me dicen todos. Aunque tengo recuerdos muy claros de mi infancia, tengo mis propios sueños y proyectos, y toda una vida por vivir.

El Colegio Amor de Dios
Este viejo edificio, para nosotros representaba lo mejor de nuestras vidas. Era nuestro club: El Colegio Amor de Dios

El club, como centro de educación, surgió hace mucho tiempo, en un barrio madrileño.

LA HISTORIA DE NUESTRO “COLEGIO AMOR DE DIOS”
Aquélla era la época del seat seiscientos, de las meriendas en la calle después del colegio, y de las películas de dos rombos.

Una época en la que, en los días de lluvia, el olor a tierra mojada convivía con el asfalto, y donde las horas tenían 80 minutos, por lo menos.

Aunque eternos, los días terminaban por acabarse y también se acababan las semanas.

En ese ambiente nació lo que llamaríamos más tarde el club Colegio Amor de Dios. Un nombre extraño para un club formado por niños, con un curso de diferencia como mucho, el mayor de 11 años.

Nuestra sede social fue durante meses una habitación que estaba en aquel edificio siempre en reformas. El olor a pegamento del papel pintado era un miembro más del club.

Por allí pasamos al menos nueve chavales, todos alumnos del mismo colegio, aunque de distintas clases. Pero sólo tres de ellos se podrían considerar fundadores: Miguel Ángel, Pedro Luís y yo.

Miguel Ángel era especial. Solía decir cosas como : “Quedamos mañana donde siempre, cuando falten veinte minutos para las séis y veinte”. Tenía una mente inquieta y algunas veces brillante.

De Miguel Ángel fue la idea de plantear soluciones en busca de problemas.

Se trataba de proponer una solución: Podía ser un objeto, una idea de negocio o un invento cualquiera. No tenía por qué ser creíble, ni mucho menos real.

Había que definirlo como si lo tuviéramos delante, y se describía con todo detalle.

Se planteaba primero una información general sobre el tema que se tratase. Luego entre todos se mejoraba esa información.

No había leyes en aquel sitio, ni escritas ni sobreentendidas. Tampoco normas. La educación de cada miembro era la única asignatura a aprobar, y el único límite.

Cada uno, con su especial visión, aportaba lo que podía.

Una vez que estaba clara la nueva idea y se entendía lo que era aquello, había que hacer una lista de los problemas que podía solucionar. Las propuestas eran de todo menos aburridas.

ALGUNAS ASIGNATURAS A APROBAR
Recuerdo que un día alguien propuso una tienda donde se vendían abrazos.

El rótulo que verían los clientes era “Abrázate”, y en su interior había carteles que ponían cosas como “Abrazos a tres pesetas” o “Hoy: dos abrazos por un duro”.

Era un buen negocio. Los clientes acudirían en masa, para ser abrazados, previo pago de la tarifa.

Otras ideas que tuvieron buena acogida fueron:

  • Venta de aire del momento (Vender botes con aire de un acontecimiento: Una boda, un funeral, un evento importante, etc.)
  • El detector de pobres (Una máquina que avisaba cuando alguien sin dinero se acercaba)
  • Venta de fracasos (Pedir dinero a cambio de airear los errores y fracasos propios)
  • El parador de tiempo (Una máquina que paraba el tiempo de todos menos el tuyo propio – Era muy caro, al alcance de muy pocos-)

Había muchas más, pero de éstas es de las que mejor me acuerdo.

Éramos sólo niños. Jugando.

El lema del Art Club
había un lema, y era que “Todo el mundo tiene algo importante que decir”.

Pero ahora sé, que de cada cosa que hacemos, siempre se va quedando algo. Algo va trabajando por dentro hasta formar una idea.

Así que la inspiración, de la que todo el mundo habla, si es que existe, tiene que ser de fondo reposado. Por mucha prisa que tengas, la inspiración no entiende de prisas. Y tu dinero, si lo tienes, tampoco creo que haga nada: la ley de la gravedad, que sigue sus propias normas, es tozuda y casi siempre insobornable.

Tenía razón Gómez de la Serna con aquello de: “El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos”.

Pero no nos pongamos profundos, que lo profundo está lejos y normalmente frío y oscuro.

Si me acompañas mañana, te contaré lo que esos niños consiguieron cuando se les ocurrió construir una máquina capaz de detectar fracasados. Capaz de Localizar y saber el motivo exacto de tu fracaso.

Otras ideas como la de los patrones de inercia, también surgieron de allí, de entre aquellas tardes.

Y es que fueron grandes, las cosas que se vivieron entre las viejas paredes del Colegio Amor de Dios, algunas fueron muy grandes.

Arsenio Baluarte.

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