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La espalda quemada

La teoría de la espalda quemada es seguro que te hará reconsiderar algunas creencias que dabas por ciertas.

Quedé en que iba a contarte mi teoría de la espalda quemada.

La espalda quemada
A veces parece que basta tener un punto débil, para que todos los golpes vayan allí. ¿Por qué ocurre eso?.

Verás:

LA ESPALDA QUEMADA
Imagínate que hace mucho tiempo que no tomas el sol. Imagina también que estamos en temporada cálida. Hoy es un día festivo para ti y decides tomar un buen baño y descansar en una piscina o quizás junto al mar.

Te duermes tranquilamente boca abajo, mientras el sol se encarga de hacer su trabajo sobre tu piel.

Has estado más de dos horas en la misma posición. Te has quemado la espalda.

Aunque te apliques alguna crema hidratante, ya es un poco tarde para evitar que tu piel no pueda soportar ni siquiera el roce de una camiseta.

Estarás al menos un par de días con molestias continuas.

¿Qué te apuestas a que no pasa más de una hora en que algún amigo te golpee de forma amigable la espalda?.

Es como si hubiera un imán en tu espalda. Todas las manos van ahí, directas.

Lo cierto es que tu espalda no atrae nada de forma especial. Lo que ocurre es que ahora, con tu actual situación de atención extrema, cualquier contacto lo contabilizas.

No sólo los que te tocan realmente, sino que hasta los intentos de tocarte los detectas.

En realidad también antes, todos los días, decenas de personas rozaban tu espalda, pero tu foco de atención no estaba ahí. No te dabas cuenta, porque no te afectaba. No te causaba ni dolor ni placer.

Tu vida de ahora, con la espalda quemada, es la misma de antes, exactamente la misma. Sólo a cambiado tu atención.

La teoría de “La espalda quemada” reafirma que tu vida está formada por las cosas que te afectan y por las consecuencias de los cambios que se derivan de tu conducta (Acción o reacción) ante esas mismas cosas.

También reafirma que la intensidad de la sensación de vivir es directamente proporcional al placer o dolor que experimentas.

Además el grado de percepción de cualquier cosa que te rodea depende únicamente de tu atención.

Puedes aplicar el mismo razonamiento a cualquier otro ejemplo.

Puede tratarse de un modelo de coche que has decidido comprar. Si ya sabes el modelo que te gusta, empezarás a ver ese coche por todos lados, cuando justo antes de la decisión no recuerdas la última vez que viste uno.

Incluso puedes pensar que te has decidido por esa marca o modelo, porque lo ves mucho últimamente, y eso debe ser señal de que es un buen coche que a todos gusta. Aunque la realidad es precisamente lo contrario: Lo ves por todos lados porque tu atención lo señala constantemente.

De la misma forma si tu mujer te da la noticia de que está embarazada, empezarás a ver mujeres embarazadas por todas partes, etc, etc.

LA LEY DE MURPFY
Habrás oído en más de una ocasión la famosa “Ley de Murphy“.

Respira hondo
Hay bastantes más cosas que no controlas, que cosas que controlas. No pretendas tener un control milimétrico de tu vida. No lo conseguirás.

Básicamente se resume en la siguiente proposición:

“Si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal,
y siempre en el peor momento”

Y es cierto que muchas veces tenemos la sensación de que nos toca a nosotros la cola del supermercado que menos avanza. Que justo hay atasco de tráfico el día que más prisa tenemos, o que hace mal tiempo el único día que tenemos libre, enteramente para nosotros, en las últimas tres semanas.

Aunque lo cierto es que todo está explicado ya en la teoría de la espalda quemada.

No nos acordamos de las otras muchas veces en que la cola del supermercado iba rápida. Tampoco advertimos que muchos otros días el tráfico también había estado congestionado, sólo que nos daba igual, porque no teníamos prisa. O que en las tres últimas semanas había llovido ya al menos cuatro días, aunque no nos afectaba en absoluto porque estábamos ocupados con nuestro trabajo.

Sí amigos. Murphy se equivoca.

Y es que no somos lo suficientemente importantes como para que la naturaleza elabore ningún tipo de ley para castigarnos, ni creo que se preocupe en trazar planes siniestros para amargarnos la vida.

Para las leyes de la física, no somos mucho más que un dado de casino. Saldrá la jugada que por azar corresponda en cada momento, sin que nada ni nadie invierta un gramo de energía para manipular nuestra suerte.

Aunque nos duela, a la naturaleza no le importamos. No tenemos tanto peso para ella.

Tampoco nuestra suerte depende en gran medida de nosotros. Como mucho, con nuestra actitud, podemos cargar los dados en un sentido o en otro y favorecer las probabilidades de nuestro resultado preferido. Pero el valor final de la tirada, no está en nuestras manos.

Respira hondo y disfruta del viaje, pero no te obsesiones con el destino.

La vida, como los viajes, es eso que ocurre mientras planeamos cómo queremos vivirla.

Arsenio Baluarte.

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