Publicado el

La gente no lo sabe

La gente no nos puede proporcionar información de los motivos de su éxito o fracaso, sencillamente porque la gente no lo sabe.

Os conté ayer y anteayer con bastante detalle todo lo que ocurrió aquél sábado en el club. El día que tratábamos de presentar y defender el despertador de fracasados.

No os voy a repetir para qué valía aquella máquina que acabábamos de inventar, pero hoy ya desde la edad adulta, y muchos años después, he aplicado en mis proyectos muchas de las conclusiones que sacamos de entre todas nuestras largas reuniones de entonces, cuando éramos sólo niños.

La gente no lo sabe
La gente sabe si tuvo éxito o fracaso en su proyecto. Pero es incapaz de encontrar “Por qué”

APRENDER DE LOS ERRORES AJENOS
Os habréis preguntado alguna vez por qué unas personas fracasan y otras no, partiendo a veces desde orígenes similares y con oportunidades también similares.

Y por otra parte, cómo es posible que las personas cometamos errores que seguramente ya habrán cometido otros.

¿No sería más útil aprender de los errores ajenos?. Evitaríamos así muchos dolores de cabeza y muchas pérdidas de salud, tiempo y dinero.

Si fuéramos capaces de saber en qué se ha equivocado otro, bastaría con tomar un camino distinto.

Supongamos que estamos frente a un buen amigo. Alguien que de forma sincera está dispuesto a compartir sus experiencias. Tanto de éxito como de fracaso.

Insistimos en que es buen amigo. Nos dirá la verdad.

Si escuchamos atentamente su relato y tomamos buena nota de lo que hizo bien, podríamos imitarlo en eso. Y cuando llegamos a un capítulo de algo que salió mal, también buena nota de ello para evitarlo.

Estamos siempre con lo mismo. Pero por qué no lo hacemos.

Yo he llegado a una conclusión, como siempre en forma de sentencia:

LA GENTE NO LO SABE
“No obtenemos datos ciertos sobre lo que conduce al éxito o al fracaso, sencillamente porque el que nos relata su experiencia no lo sabe”.

Y esto es aplicable tanto a casos ajenos como a nuestras propias vivencias.

No se trata entonces de mala fe por parte de nadie. No es que la gente quiera ocultar su secreto para confundirnos y que tropecemos en donde él tropezó. Aunque haya algún caso así, no es ésta la norma general. Ni mucho menos.

Para que entendáis lo que tengo en la cabeza tenemos que hablar del concepto de “dimensión”.

Cuando estudiábamos de pequeños en el colegio nos decían que vivimos en un universo de tres dimensiones: Largo, ancho y alto. Luego nos enseñaron que Einstein y otros cuantos científicos más habían descubierto que el tiempo, a efectos matemáticos, podía considerarse como una dimensión más. Así que el tiempo era la cuarta dimensión.

La imaginación de creativos en guiones cinematográficos y los medios técnicos en aumento sobre efectos especiales hicieron el resto. Y con eso de la cuarta dimensión, grandes y pequeños hemos pasado por taquilla.

No me creo que no hayas oído nunca hablar de la cuarta dimensión. Sale en todas las películas de extraterrestres y cosas de ésas.

Pero no vamos a hablar de física. Tranquilo.

Vamos a hablar del mundo del día a día.

EL CONCEPTO DE DIMENSIÓN
En términos que todo el mundo entienda, una dimensión es un dato que necesitamos para encontrar algo o alguien. Eso es una dimensión.

Verás: Si unos amigos salen de viaje en dos coches y tienen un destino común, suele ser habitual programar un punto de encuentro para comer, por ejemplo. O por si por cosas que pasan en la carretera nos perdemos de vista.

Podríamos decir: Quedamos en reunirnos en el kilómetro 165, en el restaurante “Los Molinos”, -ése, podría ser un caso-.

Lo que estamos diciendo es que para poder encontrarnos de nuevo necesitamos un dato: En este caso el Kilómetro 165 es el dato.

En una carretera con un dato sólo nos vale, porque una carretera tiene una única dimensión. Al fin y al cabo una carretera es una línea, y una línea tiene una sola dimensión: El largo.

Cuando un barco en el mar pide ayuda, necesita comunicar por radio su situación exacta para que lo encuentren. Y ¿Qué hace el barco?. Pues tiene que dar dos datos: La longitud y la latitud. Como el barco está flotando en la superficie del mar, dos datos son suficientes porque las superficies tienen dos dimensiones: Largo y ancho.

Ya terminamos, en seguida.

Si en vez de un barco es un submarino y está averiado entre el fondo y la superficie, tendrá que dar otro dato más: La profundidad a la que está, si es que quiere que lo encuentren. Esta vez son tres datos porque el mar tiene volumen, y el volumen son tres dimensiones: Largo, ancho y profundidad.

No es casualidad que coincidan el número de datos necesarios, para encontrar algo o alguien, con las dimensiones que tiene el sitio donde está lo que buscamos. Es que una dimensión es exactamente eso: Un dato útil para encontrar cosas.

Finalmente si quedamos con alguien en un momento preciso, necesitamos además el dato tiempo.

Si Laura y Juan se citan en determinado lugar bien definido, pero no concretan el día y la hora, no se encontrarán.

SÍ, PERO ¿CUÁNTAS DIMENSIONES HAY?
Bien, está claro. Pero ¿Cuántas dimensiones hay?. Hemos quedado que cuatro. ¿No?.

Pues no.

Hay tantas dimensiones como datos necesitas para encontrar lo que buscas.

¿Lo entiendes ahora?.

Tienes que saber primero lo que buscas. Preguntarte cuántos datos necesitas para encontrarlo. Y ese número de datos útiles necesarios, son las dimensiones que hay en ese mundo, donde vive lo que buscas.

Así que depende de lo que estés buscando tienes que adentrarte en un mundo de cuatro, cinco, seis o quince dimensiones, las que sean.

Depende, insisto. Depende de lo que busques.

Sabiendo esto, que créeme que es así, ya estamos en condiciones de entender por qué quién te cuenta sus vivencias no puede saber lo que le hizo fracasar o acertar en sus objetivos. No lo sabe de verdad y por eso no te sirve su relato.

Él si sabe muy bien si lo ha conseguido o no, pero no tiene forma de encontrar el motivo, para saber exactamente por qué.

No lo encuentra porque no tiene los datos (uno por dimensión), suficientes para encontrarlo.

Las causas de esa incapacidad te las contaré mañana.

Arsenio Baluarte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *