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Letra de médico

¿Hay alguna razón por la que los médicos escriban todos tan mal?.

Supongo que lo habrás oído, e incluso dicho alguna vez: “Tu letra parece letra de médico”, cuando quieres decir de alguien que tiene letra ilegible o de complicada lectura.

Letra de médico
¿Hay algún gen que haga que los médicos tengan esa letra tan horrible?

Pues estoy casi seguro de que sí que hay una razón, y bastante contundente.

Hay una razón para que los médicos tengan “Letra de médico”. Pero es tan lúgubre y siniestra que será mejor que no lo comentes con nadie, no vaya a ser que acabemos todos en una cuneta.

EL ORIGEN
Es sabido que las profesiones standarizadas no siempre han pasado buenas rachas. Todos hemos oído hablar de científicos sin un duro, abogados asfixiados por las deudas, médicos hacinados en pisos sin ventanas o astronautas que no han subido más allá del segundo piso de la Torre Eiffel. La historia va pasando y se lleva por delante a veces a colectivos enteros.

Pero todos estos profesionales tienen en común que con más o menos dureza, normalmente más que menos, han tenido que superar muchos años de estudio y de largos y tediosos exámenes.

Bueno, quiero decir que todos ellos ya saben que los rayos catódicos no son Isabel y Fernando.

Y siendo listos como son, han tenido que aguantar que el único mercedes del garaje de su casa era el del carnicero de la esquina, que en lo que más ha innovado en su vida ha sido en su famoso saludo: ¡Qué quieres, guapa!.

¡Ojo!. Que no le quito mérito al carnicero. -¡Pero es que yo soy neurocirujano!-, ha pensado más de uno.

Y en cuanto a los científicos sin un duro, tengo que contaros un chiste que oí hace poco en la radio, que viene muy al pelo:

Había en la ciudad un congreso de científicos para anunciar los nuevos descubrimientos del CERN y sobre física de partículas y cosas de esas.

El Congreso abría sus puertas para los invitados a las 9 de la mañana y para los ponentes a las 8. Una hora antes.

Un joven y brillante científico que iba a dar una de las primeras ponencias, había llegado en el vuelo de las 5:45, con lo que se había tenido que levantar a las 4 de la mañana. Estaba muy cansado.

Aunque el científico ya estaba en la puerta del Palacio de Congresos, no eran más que las 07:10, y se sentó a esperar a que llegaran las 08:00. Sin querer se quedó dormido en un banco de la plaza. Allí mismo en la puerta del Palacio de Congresos.

Al final se quedó en posición fetal, con pinta de pasar frío y con la carpeta de apuntes como almohada y completamente dormido en el banco.

Pasó por allí una señora, y sin dudarlo un instante, hurgó en su monedero y le dejó en una de las tablillas del banco, junto a sus manos dormidas, una moneda de 1 euro. Antes de irse la señora le pasó la mano suavemente sobre la cabeza en señal de piadosa solidaridad.

Este gesto, aunque suave, despertó al científico, quién en décimas de segundo comprendió el equívoco.

Entonces el joven se incorporó de forma apresurada y gritó a la señora que ya iba unos metros adelantada:

¡Señora, que no, que no!, ¡Que yo soy científico!.

La señora volvió apresurada y con gesto avergonzado por su anterior acción, abrió de nuevo su monedero y le dejó dos euros más.

Sí, es un chiste, pero chistes como este fueron soportados durante décadas por profesionales de disciplinas distintas.

LA REACCIÓN
Y tanto fue así que hoy todo el mundo sabe que hay una sociedad secreta que ampara a estos colectivos con las más avanzadas técnicas de marketing.

Ejércitos de sociólogos, psicólogos y de ex-directivos de multinacionales del marketing, forman las filas de esta especie de secta que ha multiplicado los ingresos de sus colectivos afiliados en más de un 1.600% en los últimos cincuenta años.

Y es que ése es el tiempo que llevan operando más o menos, unos 50 años.

Nadie, ajeno a ellos, ha estado en una de esas reuniones secretas. Al menos nadie que haya sobrevivido para contarlo.

Pero eso no quita para que la casualidad se acercara a mi puerta y me diera una información impagable, que ahora comparto contigo, y que espero que no salga de aquí.

LA PRUEBA
Verás, ponte en situación. Un jueves a las ocho de la tarde, estaba sólo en casa (Eso último es lo menos raro de la historia), y me dió por pedir una pizza por internet, da igual a quién.

El caso es que a los 40 minutos, más o menos, llaman a la puerta, me entregan la pizza. Le pago al pizzero y se va. Todo normal.

Abro la caja. Saco la pizza y al apartar la caja, veo un papel colgando que se había quedado pegado en el dorso de la caja.

Bueno, por hacer la historia corta, lo que aquel papel ponía era una serie de instrucciones, en perfecto castellano, de una serie de pautas a seguir. Textualmente ponía: “Según lo acordado en junta de la “…..” con fecha “…..”, y luego una serie de puntos a cumplir. -No quiero poner el nombre de la asociación ni la fecha, que no sé quién puede estar leyendo esto-.

Eran doce puntos en total. Y en el cuarto punto decía bien claro: “destinar 11,5 millones de euros a la campaña de difusión y apoyo en medios, del programa de vocabularios extraños ya aprobado el 24-05-1967”.

Por las fechas sé que esta movida lleva ya al menos 50 años.

Pero ¿El programa de vocabularios extraños?. ¿Qué podía ser el programa de vocabularios extraños?.

Bueno. Aquello me dejó pensativo durante horas. Pero, ¡Qué podía hacer!. Lo dejé estar y ya está.

Unos 20 días más tarde recibo una carta certificada del Departamento de Tráfico en Carreteras. Parecía una multa de tráfico.

Pensé, ya me han cazado en algo.

Yo suelo ser de los que cuando viene algo certificado, pienso: ¡Bueno no es!.

Efectivamente: En el párrafo segundo después de un educado saludo ponía exactamente esto:

“En cumplimiento de lo establecido por el Tribunal de Competencia de Actos Jurídicos Documentados, y al amparo de la ley 12.02 de 14 de Julio del año de autos. Se le comunica que por agravio comparativo con respecto a la ley de Ordenamiento Urbano del Real Decreto de la Oficina de Asuntos Forales, se le apercibe a resolver la deuda pecuniaria en la que con relación a estas leyes se haya usted incurso.”

Después de leerlo tres veces, yo pensé: No insistas ya más, ¿No ves la que has liado?. Paga ya lo que sea y cuanto antes. Ni preguntes siquiera.

Fui a las oficinas que allí me indicaban y me dijeron que pagando 246 euros y unos céntimos más ya estaría todo arreglado.

Y ¿Qué crees que hice?: Pues pagar y salir de allí cuanto antes. Menuda cantidad de decretos y leyes me quité de encima.

Pero según llegaba a la calle, hubo algo que me llamó la atención: La persona que me atendió en ventanilla no me hablaba de forma rara. De hecho fue de lo más clara. Me dijo: Son 246 euros con 37 céntimos.

No me dijo nada más. Y la verdad es que eso sí que lo entendí perfectamente.

De camino a casa, decidí ir andando. Había más de 40 minutos de recorrido, pero me apetecía pensar en todo esto.

Y me dije a mí mismo: “Palabras raras para asustar y palabras comunes para cobrar”. O sea, que primero meten miedo y mantienen distancia. Como diciendo “Yo sé mucho más que tú”, y después lo ponen fácil para cobrar: Esto es el diseño de un genio del marketing.

¡Nos la están liando!.

Luego me acordé de la hoja con instrucciones secretas que encontré en la pizza, y empecé a entenderlo todo.

¿Lo ves tú también?.

Los colectivos de ciertas profesiones han invertido millones de euros a través de ésta y vete a saber tú cuántas sociedades secretas más, para establecer un idioma propio que sólo ellos entienden.

Y lo hacen sólo con la única intención de cobrar antes y sobre todo de cobrar más.

lenguajes extraños detrás de la letra de médico
Organizaciones secretas crean extraños lenguajes profesionales para cobrar más.

Si no me crees todavía atiende, por favor, a este caso que te planteo:

EL EJEMPLO
Una persona va a una consulta privada de un médico. Explica detenidamente lo que le pasa y después de una exploración facultativa, le dan fecha para una intervención quirúrgica inmediata. Le dicen al paciente que no es grave, pero que no conviene retrasar la pequeña operación.

El paciente sobrecogido por la urgencia, firma los papeles que le dicen debe firmar a la vez que intenta entender el diagnóstico que el médico da sobre su dolencia.

10 días más tarde, acude sin haber tomado nada de alimento por la mañana, tal y como le han dicho, y un poco nervioso se somete a la intervención. Una enfermera le recuerda que no se trata de nada grave, aunque para evitar dolor le aplicarán anestesia local en la zona afectada.

La intervención va bien, y 25 minutos más tarde el recién operado se va por su pie a casa y queda citado para dentro de ocho días. En esa cita le harán una exploración de mantenimiento y seguramente le pedirán que firme la autorización de pago de la factura correspondiente.

Todo ocurre según lo previsto, y al paciente aliviado en cierta forma porque parece que todo va bien, le entregan una factura a la que tiene que dar su conformidad, por importe de 4.550 euros, con todos los gastos perfectamente detallados, por supuesto.

El paciente resignado y aceptando que esas cosas cuestan mucho dinero, pregunta tímidamente al médico:

“Doctor, exactamente qué es lo que me han hecho”; a lo que el médico le responde: “Está en el diagnóstico que se le entregó la primera vez, pero para más claridad se lo repito ahora de nuevo: Se trataba de extirpar un forúnculo piloso afectado por una hidradenitis supurativa en la zona isquiocrural superior. Eso es lo que le hemos hecho”.

El paciente, intentando digerir todo eso que le han hecho, firma sin dudar la autorización de pago, a la vez que suspira diciendo para sí: “Dios mío, menos mal que me he puesto en manos de esta gente”.

El paciente se despide agradecido y con ánimo apacible se va a su casa.

Y mi pregunta ahora es:

¿Con qué ganas y cuánto habría estado el paciente dispuesto a pagar, si lo que le contesta el médico es que lo que le han hecho es “Quitarle un grano en el culo”?. Que es justo lo que le hicieron.

Hazme caso. Sectas secretas pagadas por profesionales corporativistas, contratan a los mejores cerebros y una de las estrategias que utilizan es crear un lenguaje que sólo ellos entienden, tal y como yo descubrí en la hoja pegada a la pizza.

Farmacéuticos, médicos, abogados … Todos están metidos hasta el cuello.

LA LETRA DE MÉDICO
Y tu dirás ahora: Y lo de la letra de médico ¿Qué tiene que ver con todo esto?.

Pues es fácil. No es más que una consecuencia de los vocabularios que emplean aconsejados por las sociedades secretas.

¿Todavía no lo ves?. No es que escriban mal. Lo que pasa es que escriben bien, palabras que sólo ellos entienden.

Si yo como médico te receto dos pastillas de aspirina cada mañana, tengo dos formas de hacerlo: Te lo puedo poner en texto normal, es decir “dos pastillas de aspirina cada mañana”, o con la misma letra, exactamente la misma, te lo puedo poner según me tiene bien aleccionado la secta a la que pertenezco: “ácido-acetil-salicílico 50mg 2g. 8 A.M.”.

Aunque el médico escriba bien, si te da la segunda receta no te vas a enterar de lo que pone. El farmacéutico sí que lo entiende, porque es uno más de ellos.

Todo el mundo te sonríe, porque educados sí que son, tú pagas lo que te dicen y feliz día para todos.

Por favor, no hables de esto con nadie.

Si alguien me pregunta sobre esto, lo negaré todo.

Arsenio Baluarte.

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