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Los mundos posibles

Una dimensión es un dato necesario para encontrar algo. Si disponemos de esos datos y nos sirven para localizar lo que buscamos, decimos que ese algo vive en un mundo posible

PATRONES EN EL ÉXITO Y EN EL FRACASO
Decíamos ayer que quien nos cuenta sus experiencias de éxito o de fracaso, no suele transmitir los datos necesarios para que podamos deducir qué cosa concreta influyó, en un sentido o en otro, para afectar al desenlace final. Está claro que todo influye, pero no podemos destacar ningún patrón a seguir.

Los mundos posibles
En una tirada de dados, el resultado que salga lo podemos considerar como perteneciente a uno de nuestros mundos posibles

Eso hace que a pesar de la cantidad de historias conocidas de la vida de muchos otros, nos veamos dentro de un laberinto donde caemos una y otra vez en los errores de los demás, y lo que es más preocupante: En la repetición de nuestros propios errores.

Mi teoría era que esto ocurría porque el que relata o recuerda su historia simplemente no lo sabe. No sabe identificar con precisión esos puntos críticos. Y no puede transmitir lo que él mismo no sabe.

Después estuvimos un buen rato hablando sobre dimensiones, e intenté dejar claro que una dimensión en el mundo real en el que vivimos no es más que un dato necesario para encontrar algo con exactitud. No es que sea como eso, es que es exactamente eso. Eso es una dimensión.

Sé lo que estáis pensando.

Es fácil pensar que la dimensión es algo distinto al dato. Por ejemplo una regla de ésas que se utilizan en el colegio para dibujar polígonos tiene unas rayitas que marcan la distancia que hay desde el origen hasta un determinado punto de la regla.

Así que podéis pensar que dentro de la regla, al haber muchas rayitas hay también muchos datos distintos, y en paralelismo con lo que se está diciendo aquí habría muchas dimensiones dentro de la regla.

Veamos. Si por ejemplo decimos que queremos encontrar la rayita número siete, empezaremos a contar desde el origen una, dos, tres …, hasta la raya siete. Y ése debería ser el dato, es decir la dimensión.

Pero no es así, si te fijas ese punto no es un punto que viva en nuestro mundo real. No podemos decirle a nadie “Quedamos en encontrarnos en la rayita número siete de mi regla de medir”. No tendría sentido. La regla por sí misma no define dónde está un punto que queremos encontrar en el mundo real, y por tanto ninguna de sus rayitas se corresponden con ninguna dimensión.

La regla no nos indicará nada si no la colocamos sobre un vector que represente alguna magnitud del mundo donde vive lo que buscamos. Es decir: Necesitamos un punto de origen y una dirección.

Haciendo coincidir el origen de la regla con el origen del vector, la regla nos dirá entonces la medida exacta del dato que necesitamos. Y en este sentido, el dato sí define a la dimensión.

Pensemos ahora en que queremos encontrar un punto que esté a una distancia de dos metros a contar desde un árbol y en una dirección determinada. Dos metros en dirección sur, por ejemplo.

Esta vez y con la ayuda de la regla sí podremos encontrar ese punto. Hacemos coincidir el tronco del árbol con el origen de la regla, y mirando hacia el sur, justo a dos metros de distancia encontraremos la cosa que buscamos.

Cuando definimos el origen (El árbol) y la dirección (Mirando al sur), lo que estamos diciendo es en qué mundo vive el punto que buscamos. Estamos diciendo que ese punto está preso dentro de la línea que se crea cuando nos alejamos del árbol en dirección sur.

Ese punto no puede escapar de esa línea. Esa línea es su mundo. Él vive ahí.

Sabemos también que una vez definido el mundo donde vive, necesitaremos uno o más datos para encontrar con certeza el objeto que buscamos. Y en el ejemplo del que hablamos ahora, un sólo dato es suficiente, por lo que podemos afirmar que el mundo donde vive es un mundo de una dimensión. La dimensión que se crea al ser necesario un único dato.

Antes de saber el número de datos necesarios para poder encontrar algo, no podemos saber las dimensiones del mundo donde vive lo que buscamos, por lo que podemos afirmar que son esos mínimos datos necesarios los que definen las posibles dimensiones.

Es un lío. Pero se entiende.

¿Y para qué vale todo esto?. Lo que queremos saber de una vez es cómo podemos prever fracasos o seguir patrones de éxito. Sólo queremos saber eso.

-Estamos muy cerca, espera un poco-.

BUSCAR SÓLO EN LOS MUNDOS POSIBLES
Si te fijas bien, para encontrar lo que determina el éxito o fracaso habría que definir primero en qué tipo de mundo viven esa clase de acontecimientos. Y cuando sepamos identificar ese mundo habría que averiguar el número mínimo de datos necesarios para encontrar a las criaturas que viven allí. Y como esas criaturas son los éxitos y los fracasos, con los datos en la mano ya los tendremos localizados.

O sea. Que ahora ¿Tenemos que crear mundos?.

-No hace falta. Los mundos que necesitamos ya están creados-

Hace unos días, cuando hablábamos de que la perfección está en la idea, os ponía como ejemplo la vida que encierra un puño con un dado dentro.

Al abrir la mano sobre una mesa el dado caerá y después de varios saltos sobre la mesa se quedará en equilibrio estable posado sobre una de las seis caras que tiene. El dado nos mostrará un número concreto determinado. A todo ese proceso le solemos llamar “tirada”.

Podemos repetir la acción las veces que queramos y obtendremos cada vez un valor normalmente distinto en cada tirada.

Lo que hace posible que podamos repetir el experimento es que hay unas determinadas circunstancias que favorecen que las cosas ocurran como ocurren.

El dado cae hacia la mesa porque el mundo donde vive el dado está sujeto a la fuerza de la gravedad.

Sabemos que las cosas caen cuando las soltamos y nuestra experiencia nos dice que siempre ha sido así. Es parte de nuestro mundo y parte del mundo del dado.

Además el dado tiene una forma que le hace estar en desequilibrio si no se apoya en una de sus caras completamente sobre la mesa. Cualquier otra posición no funciona. Por eso va dando botes hasta que por puro agotamiento llega a la posición de equilibrio, que es la que nos muestra el valor que sea en cada momento.

LA ESCALA DE LA MEDIDA
No hay ninguna ley física que prohíba que el dado, después de los botes que sea, se quede apoyado sobre una arista sobre la mesa, o por ponerlo más difícil: sobre un vértice. No hay ley que prohíba eso, luego podría ocurrir.

Y de hecho ocurre muchas veces, sólo que lo hace durante unas milésimas de segundo, para después cambiar a otra posición más estable.

Si no me crees, puedes grabar en una película una partida de dados, y verás como si pasas frame a frame, verás en algún momento como el dado está en posiciones que en la práctica consideramos como posiciones imposibles.

Pero no son imposibles, en absoluto, sino que en nuestra forma de medir el tiempo son tan efímeras, que no las tenemos en cuenta.

Por otro lado si esperáramos un millón de años, comprobaríamos que una tirada que ahora consideramos estable -que salga un seis, por ejemplo-, no lo sería con esas escalas de tiempo, porque el dado y la mesa ya se habrían desintegrado.

Eso indica que, para la naturaleza, la desintegración es una posición más estable, que la del dado posado sobre la mesa.

Unos seres que contaran su tiempo con una unidad mínima de diez mil años verían la tirada de resultado: “un seis”, como algo muy poco probable.

Así que no se te olvide que, cuando hablamos de mundos posibles, lo hacemos en referencia a nuestras escalas de medida, que como ya hemos dicho otras veces no son otra cosa que una extensión de nosotros mismos.

Bien , volvamos a nuestra escala humana de medir las cosas:

El fabricante del dado lo hizo de forma que todas las caras sean iguales de grandes y que el peso del dado esté repartido por igual para que no se vea favorecida ninguna cara con respecto a otra. (Los mafiosos de las películas de Las Vegas saben muy bien las ventajas de un dado cargado).

Esas reglas básicas son las que definen el mundo donde vive el dado. Y en ese mundo es donde le ocurren cosas a ese dado. Él está atrapado. Vive ahí.

Pero cuál de los valores de cada tirada puede considerarse éxito y cuál fracaso. Y si detectamos lo que es éxito o fracaso entre las vivencias del dado. ¿Cuántos datos son los mínimos necesarios para buscarlos y encontrarlos cuando queramos?, es decir ¿Cuántas dimensiones tiene el mundo donde viven esos acontecimientos?.

-Si te haces estas preguntas es porque has prestado atención a lo que te estaba contando-

Te voy a contestar enseguida.

Pero ¿De verdad estás preparado para meterte en la madriguera?.

Arsenio Baluarte.

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