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Los toros no van al cielo

Los toros son animales de escaso futuro. Si eres toro, no importa cómo te portes, nunca disfrutarás de una vida eterna. Los toros no van al cielo.

Los toros. Hoy hablaremos del toro de lidia. Animal privilegiado donde los haya. Si su destino es la lidia, si sirve para ello, vivirá tres o cuatro años en una verde dehesa, con complementos alimentarios además de lo que la naturaleza le ofrece, y las mejores atenciones veterinarias.

Correrá por el campo abierto con sus compañeros de profesión. Nada que ver con la vida del toro de a pie, el que no vale más que “pa carne”.

El toro no entiende hérores
Genio y figura. El torero. El héroe de la película: Tiene una espada como arma y escudo en forma de trapo.

ASÍ ES COMO LO VE EL TORO
En no más de tres años me sentiré en plenitud de fuerza, con un horizonte de vista limitado únicamente por unas cercas alambradas, pero que están lejos.

A mí no me importan esas alambradas. Tengo todo lo que quiero aquí.

Algunos toros comentan que todo esto es mentira, que aunque con buenos efectos especiales, todo esto no es más que un guión de cine.

Que lo que pasa en realidad es que todo es una trampa, para que crezcas y engordes y allá por los 540 Kg. te enfrentes al héroe de los alberos: Un personaje de la película, que luce valor espada en mano, y escudo en forma de trapo.

Trapo del color de la sangre de otros de tu ralea, y viste con ropa pensada sólo para que se le vea.

Siguen contando esos toros, que están allí para verle lo mejor de cada casa.

Hay guapas doncellas, las de más valía del pueblo. Valor que por la corta edad de algunas, se les supone aún no han perdido.

Pero es que también está el médico, el cura con su sotana y al lado Doña Francisca.

!Hay que ver! Doña Francisca lo bien que se nos conserva. Que digan lo que quieran los envidiosos. Que sí. Que es verdad que tiene mucho dinero. Pero si fortuna tiene, más corazón todavía, que dicen que pagó de su bolsillo todos los bancos de la iglesia. Que si no es por ella, de pie estarían en la misa.

Los que he dicho, y 2000 más por lo menos. Todos mirando al de la espada, que yo creo que su ropa reluce sólo del reflejo de tanta mirada.

Pero esos toros son tontos. ¿Por qué inventarán esas cosas?.

Hasta donde yo sé, los que andan a dos patas no hacen más que cuidarme.

Más de una vez les he visto discutiendo entre ellos, sobre si estoy creciendo como dios manda, que si no como lo suficiente, que si cuidado con lastimarme las astas.

En fin, cuidados y más cuidados. Y alguno de ellos incluso me ha pasado su mano sobre la cara con una suavidad que ningún maltratador jamás tendría. Caricias al fin y al cabo del que nada malo trama.

Pero esos toros tontos insisten en lo que ellos llaman “la plaza”. Dicen que las cercas son de madera pero esta vez bien cerradas, y que aunque quieras mirar a lo lejos, no te alcanza la mirada.

Que después sale un hombre a caballo y te pega dos cornadas.

Eso son tonterías de toros tontos. Toros de mala calaña, y cuando empiezan con ello yo siempre les doy la espalda.

Y cuando me alejo me dicen: “Si alguna vez entras en un sitio así, recuerda nuestras palabras, nunca saldrás de esa plaza”.

Los días pasan y aquí, en el campo, todo es calma.

Nadie viene a maltratarme ni a meterme en ninguna plaza.

Y a veces pienso que, si todo eso fuera cierto, pues rezaría con fuerza como siempre me enseñaron y no creo que pase nada.

Y entonces de nuevo me acuerdo de lo que los toros tontos, una y mil veces, me han dicho:

“Si alguna vez te ocurriera, toma carrera y si puedes salta la valla. Y en rezar, ni lo pienses, no te servirá de nada”.

Y es que según los toros tontos, no importa lo bien que te portes, los toros no van al cielo.

ASÍ ES COMO LO VEO YO
Antes de nada: decir que hay una ley admitida que reza: “Las personas son responsables de sus actos”.

Yo creo que es una ley muy poco ambiciosa en su ámbito de acción, y en cualquier caso: poco precisa.

Más bien yo apuesto por esta otra:

“Toda entidad es responsable de cualquier acción o situación propia o ajena en la misma medida en la que tenga alguna opción consciente para cambiarla”.

Y esto afecta a las rocas, al viento, al agua, a la fruta de invierno, a las bacterias, a los gusanos, a los gatos, o a los seres humanos: toreros o no toreros.

Veamos qué quiero decir con esto:

Si eres una piedra del campo serás responsable de algo malo que pasa a tu alrededor, si de alguna forma tú puedes influir en ello y modificarlo.

Estaremos de acuerdo en que una piedra poco puede hacer para evitar un daño cercano. Pero eso no invalida la ley.

Lo que pasa es que aplicando la ley sacamos como conclusión que las posibilidades de acción consciente de la piedra son nulas, por lo tanto nula es su responsabilidad sobre ese acto que analizamos.

No conocemos tampoco las opciones conscientes de bacterias, gusanos, arañas o gatos, sobre aquello que les rodea. Y por lo tanto profundizar en la responsabilidad de un perro cuando te despierta con sus ladridos, por ejemplo, nos llevaría a terrenos de salidas poco concluyentes.

Igual me pasa con los toros.

Los toros no van al cielo
He rezado lo que podido, pero del cielo aún no se nada.

Pero el torero es distinto, él si sabe lo que hace. Luego, a partir de ahora le voy a hacer responsable, porque lo es, de todas esas acciones y situaciones en las que teniendo opciones para evitar, no evita.

Es más, el torero provoca muchas de ellas. Es el alma de la fiesta.

Bien. Pues te quiero decir a ti -torero- que no me impresionas con tus andares de macho alfa de la manada, no entiendo tu extraña ropa, ni representas para mí ningún valor de esos que tú proclamas.

Siento bastante más admiración por el que barre las calles del pueblo, quien con su modesta labor contribuye al bien colectivo, y que ha sabido ganarle la partida al mundo con una escoba en la mano.

Tu espada te la guardas para cuando te quieras sacar algo de entre los dientes.

¿Hombre valiente?.

Puede ser que seas valiente. Puede ser.

Pero para mí, hombre no eres.

Y al cura, del que todo el mundo habla bien, y que en la mayoría de los casos dedica más horas de las que tiene el día a hacer cosas de bien y a ayudar a gente con problemas. ¿Qué pintas en esa fiesta?. ¿De qué disfrutas con ella?.

Tenían razón los toros tontos: Los toros no van al cielo.

Y el cura sospecha también, pese a sus buenas oraciones, que tampoco irá al cielo él, ni el médico, ni Doña Francisca, ni por supuesto el torero, ni los dos mil de la plaza.

Que entre todos mataron al toro.

Y dicen que el cielo está: “Cerrado por defunción”.

Arsenio Baluarte.

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