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El patrón de inercia

El patrón de inercia está detrás de todas las cosas que se repiten de forma habitual en la naturaleza.

Lo que os voy a contar a continuación tiene que ver con una creencia que tengo desde hace tiempo, y es la de que todo lo que sobrevive en el tiempo lo hace gracias a un patrón que se repite -El Patrón de Inercia-. Nadie puede, ni siquiera la naturaleza, improvisar todo el tiempo, así que la tendencia es repetir lo que funciona, y esto ocurre siempre y de forma automática. Creo que es una ley fundamental.

Pero vamos a empezar la historia desde el principio:

El patron de inercia
No siempre actuamos según lo aprendido. Hemos de tener en cuenta también los patrones de inercia.

LA CHISPA
Mi creencia empezó a coger fuerza en una cena de trabajo. Una cena que resultó ser especial por las conclusiones que pude sacar de ella.

Era el final de unas jornadas de conferencias del sector de “Aparcamientos de vehículos”. Hace de esto unos doce años. En la ciudad de Oviedo.

Después de tres días de intensas ponencias, no todas interesantes, la organización del evento creyó que una cena distendida entre participantes y organizadores era un buen final.

Y lo fue.

Durante la cena hablamos de todo, menos de aparcamientos. Pero surgió una conversación que fue adquiriendo un peso especial.

Había en aquel enorme salón, reservado para el acto, unas setenta personas, distribuidas en mesas de a ocho. Y como decía, en mi mesa nació una propuesta que pronto se extendió a las mesas de al lado.

Lo que nació siendo una broma en forma de duda abierta, se convirtió en una especie de tormenta de ideas que se proponía a los compañeros de mesa, cuando otros temas habían dado de sí lo suficiente.

La cena de las ideas
Una cena relajada es una de las mejores bases para una productiva tormenta de ideas

Los oídos curiosos de las mesas de al lado actuaron de espejos reflectores, y dieron como resultado que otras versiones del mismo juego se propagaran incluso a otras mesas más alejadas. El murmullo de fondo, adornado con risas de todos los colores, le daba al salón un calor especial. La cena estaba resultando un evento divertido.

Bien, pero tendré que explicar de qué se trataba aquello.

Verás:

El tema consistía en buscar una explicación a por qué determinados objetos corrientes se resistían a ser renovados con inventos revolucionarios.

El asunto funcionaba de la siguiente forma:

  • Primero alguien mencionaba uno de estos objetos (Un paraguas, por ejemplo).
  • Después se hablaba del tiempo que había permanecido sin cambios significativos.
  • Y lo interesante era intentar averiguar “por qué”. Se trataba de saber cuál era el motivo de ese aparente olvido, por parte de los inventores de todas las épocas.

Cada uno aportaba su parecer: … Falta de talento, de suerte, de dinero, de interés … .

Yo preguntaba abiertamente a la mesa, qué hubiera pasado si todo el dinero invertido desde sus comienzos en la NASA, por ejemplo, si todos esos medios y talento se hubieran dirigido a revolucionar alguno de esos objetos. ¿Tendríamos ahora un paraguas, un zapato, o una cama totalmente diferentes?.

El patrón de inercia está también en los objetos más comunes
Detrás de los objetos más cotidianos hay un patrón de inercia que se repite cada vez que los usamos.

Poco a poco se incorporaron jugadores. La aceptación generalizada fue una buena base y el vino en la mesa hizo el resto.

Entre risas, las propuestas se dejaban caer sin miedo al ridículo. El tono de voz se alzaba de forma inevitable para hacer prevalecer la tuya propia. Fue agradable y divertido.

Sin querer, aquella mesa se había convertido en la atracción de la cena. Y como he dicho antes, el tema se contagió a otras mesas, y aquello acabó siendo una cena de ponencias en su sentido más natural.

Y entonces aproveché para testear mi teoría. Sugerí que tenía una solución al problema. Había encontrado el motivo por el cual, determinados objetos no evolucionan lo suficiente.

LA TEORÍA
Mi teoría es que todo aquello que sobrevive en el tiempo, lo hace gracias a un “patrón de inercia”.

Se trata de un patrón que se repite allá donde el hecho observado sobrevive.

Este patrón está normalmente oculto. No porque deliberadamente se esconda, sino porque su origen, su razón de ser, es tan trivial que pasa inadvertido a la mente más atenta.

Para nuestro juego de la cena: Si un objeto sobrevive mucho tiempo sin cambios significativos, como el paraguas, es porque, y sólo porque, hay un patrón de inercia que se ha venido repitiendo en todas y cada una de las ocasiones en que lo utilizamos.

Vamos a profundizar un poco más e intentar descubrir un posible patrón que se esconde en el caso del paraguas.

Si somos un poco observadores, nos daremos cuenta de que cuando un ruido inesperado nos avisa de que algo puede caer desde arriba; de forma instintiva, sin pensarlo ni siquiera un instante, tendemos a agacharnos al tiempo que cubrimos con nuestras manos la cabeza.

Protegemos lo más valioso que tenemos, nuestro cerebro, con una herramienta natural siempre a nuestro alcance como son nuestros brazos y manos.

En mi opinión, para el caso del paraguas, la lluvia es la amenaza y el paraguas es la extensión de nuestra mano para proteger nuestra cabeza. Piensa que cuando llueve mucho, y aunque llevemos paraguas, solemos mojarnos de rodilla para abajo. Pero esto no ha parecido importarle a nadie lo suficiente desde hace más de 3.000 años, donde, desde China, se empezaron a utilizar los primeros paraguas.

Mi conclusión es que si la parte importante de nuestro cuerpo estuviera en los pies, los paraguas tendrían otro diseño totalmente diferente y habrían estado evolucionando hasta estar protegidos por su patrón de inercia.

Aunque el paraguas nos protege de la lluvia, no es este el motivo de su éxito funcional y de su persistencia. Su imbatido formato se debe a la necesidad inconsciente que resuelve de proteger nuestra cabeza ante algo que viene de arriba.

En cuanto a su estancamiento en materia inventiva, no se trata de falta de talento, sino de falta de fuerza.

Fuerza necesaria para romper la inercia del patrón establecido.

Este tipo de objetos no son invisibles a las mentes inventoras, pero su patrón de inercia es tan fuerte que nadie ha logrado vencerlo hasta ahora.

En el ejemplo del paraguas: Si inconscientemente lo que hacemos es poner a salvo nuestro cabeza, y por tanto nuestra vida. Hay que aplicar mucha fuerza para poder mejorar eso.

Lo que quiero decir es que si inventamos algún artilugio distinto del paraguas que nos proteja de la lluvia -incluso mejor que el paraguas clásico-, probablemente lo usemos porque su aplicación práctica sea buena, pero no sobrevivirá mucho tiempo sin que sufra modificaciones importantes, a no ser que resuelva algún objetivo básico. Es decir, a no ser que detrás de ese artilugio haya también un patrón de inercia, el que sea.

Podríamos decir que hemos detectado un patrón de inercia cuando el uso que hacemos de un determinado objeto, se mantiene inexplicablemente joven a lo largo de generaciones, y se resiste a cambios significativos pese a estar expuesto a la vista de todos.

Y hasta es posible que sobre esto de los patrones de inercia y de cómo reaccionamos ante ellos, puedas encontrar cierto parecido a lo que normalmente llamamos instinto. Y puede ser que ambas cosas tengan mucho que ver.

Pero al menos como yo lo veo el instinto está dentro de ti y el patrón de inercia va bastante más allá, porque al final es la resolución práctica relacionada con ese instinto, pero con respecto a un objeto externo.

Y piensa que me refiero al concepto de objeto en su sentido más amplio. No sólo se trata de cosas, sino de cualquier otro fenómeno del entorno que pueda afectarte de alguna forma.

Volviendo a nuestra cena. Cuando argumentaba mi teoría, mientras algunas personas seguían riendo, otras empezaron a prestar otro tipo de atención. Fue entonces cuando descargué toda mi artillería. Les cité un nuevo ejemplo que resultó demoledor.

Aunque eso tendré que contártelo en el próximo post.

Arsenio Baluarte.

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